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TESTOSTERONA AL RESCATE. Sobre eunucos, castrati y los injertos de Voronoff.

Actualizado: 20 de mar de 2019


La reposición terapéutica de testosterona es un aliada en la oposición al envejecimiento, y tiene un claro efecto revitalizador. En gran medida, la juventud tiene que ver con la capacidad sexual. De hecho, consideramos “adulto joven” a una persona que ya pasó la pubertad y todavía no llegó a la menopausia o andropausia. Quizá sea por eso que en Occidente se ha tomado un rumbo equivocado al querer restaurar la potencia sexual simplemente con estimulantes de la libido y drogas que fuerzan la capacidad eréctil. Este error de concepto convierte unas herramientas útiles como el sildenafil, el ginseng (Raíz de la Vida), la bromocriptina, la L-Arginina, etc., en salvoconductos farmacológicos para un continuado abuso de la energía sexual. Semejante práctica terminará a largo plazo debilitando aún más el organismo, ¡lo cual era la causa inicial de la disfunción!


Esto es particularmente cierto en el caso de los varones ya que, como se verá, una excesiva pérdida de semen causa estragos en la salud. La idea de incrementar la vitalidad, la juventud o la fortaleza por medio de la incorporación de materia o substancia (principio de absorción de la esencia o trans-substanciación) no es nada nueva. Este es el principio subyacente detrás de numerosas recetas chamánicas, de ciertas formas de canibalismo ritual y, hasta cierto punto, incluso de los trasplantes de órganos.


Los primeros xenotrasplantes en humanos fueron hechos en Francia alrededor de 1920, por un professeur de origen ruso, Serge Abrahamovitch Voronoff (1866-1951). Siendo un mozalbete, el intrépido Serge abandonó la madre Rusia para estudiar en París y se naturalizó francés en 1895. El doctor Alexis Carrel le enseñó a su joven amigo -ya por entonces un ingenioso y hábil cirujano- la técnica de los trasplantes, y en 1896, Vóronov partió para Egipto, donde permaneció hasta 1910. Fue en ese particular viaje en donde vio que los eunucos imperiales en la corte del sultán otomano Abdul Hamid II, castrados tempranamente cuando todavía eran niños, exhibían ciertas deficiencias madurativas. Voronoff estaba convencido, de acuerdo con sus propias observaciones imparciales, de que los testículos tenían no solo una función genital, sino que también actuaban sobre el desarrollo esquelético, muscular, cerebral y psicológico del individuo.


La Biología de las décadas de 1920 y 1930, estaba impregnada de conceptos como la eugenesia, en el afán de mejorar la condición de la especie humana. Es en aquel ambiente propicio que Voronoff intenta rejuvenecer organismos humanos con el implante de glándulas de chimpancés y babuinos.

Fig.1 La Emperatriz es transportada por eunucos. Dinastia Qing, 1905.

Tenía la fuerte sospecha de que el envejecimiento era causado por una disminución de las secreciones endocrinas, particularmente de las glándulas sexuales. Entre 1917 y 1926, Voronoff puso a prueba sus teorías, trasplantando cientos de animales, tanto machos como hembras, particularmente cabras, cerdos, y hasta un toro. De acuerdo con sus observaciones, animales seniles trasplantados con fragmentos testiculares de animales jóvenes recobraron su vigor. Para principios de los años treinta había realizado unos 500 implantes, fundamentalmente a personas acaudaladas, pues el procedimiento era muy costoso. Para superar los efectos de la menopausia, Voronoff incluso injertó tejido ovárico de monas jóvenes en mujeres maduras. Finalmente, fue forzado a terminar sus experimentos debido a la presión de la comunidad científica y a la opinión pública. Se vio, a pesar de todo, que debía existir alguna sustancia producida en los testículos y los ovarios (probablemente la llamarían testiculina o algo parecido) que era responsable del vigor sexual, el deseo, la capacidad reproductiva, así como del aspecto juvenil y el buen estado de los músculos, huesos, piel e incluso de las neuronas.


Interesantemente, a pesar de que los injertos de Voronoff terminaron siendo rechazados por la comunidad médica de la época, experimentos modernos han establecido que las células de Sertoli en los testículos constituyen un infranqueable obstáculo para las células del sistema inmune (la barrera hemato/testicular), convirtiendo estas glándulas en un sitio privilegiado para la implantación de tejido extraño. Es razonable pensar que, al menos en teoría, las delgadas láminas de tejido testicular de cerdo o de mono allí implantadas podrían haber sobrevivido y segregado las hormonas rejuvenecedoras. Se ha podido reducir los requerimientos de insulina en personas diabéticas con implantes pancreáticos (de cerdo) tapizados de células de Sertoli, para acorazarlas contra el ataque del sistema inmune. No fueron necesarios fármacos inmuno-supresivos en este caso (1).


Hoy sabemos con certeza que las gónadas verdaderamente segregan substancias imprescindibles, genéricamente denominadas andrógenos y estrógenos. La cantidad de estas hormonas en sangre decrece con la edad en hombres y mujeres. Llama la atención que, si bien cada ovario posee en verdad un número limitado de folículos u óvulos potenciales, teóricamente no habría ninguna razón por la cual el epitelio seminífero testicular no siga generando espermatozoides indefinidamente, pero el hecho es que no lo hace: nuestra capacidad generatriz es finita. La terapia de reposición de testosterona ha entrado ya en su cuarta década de vida, y no hay ninguna duda de que sus beneficios impactan en el organismo entero.


REFERENCIAS


Valdez-Gonzalez R. A. (2005). "Xenotransplantation of porcine neonatal Islets of Langerhans and Sertoli cells: A 4-year study". European Journal of Endocrinology.


Kahn, Arnold. (February 1, 2005) Journals of Gerontology, Series A, Biological Science & Medical Science Regaining lost youth: the controversial and colorful beginnings of hormone replacement therapy in aging. Volume 60; Issue 2

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